Después de algunos mensajes de whatsapps, y entre un par de mails de trabajo, estaba lo que ella venía esperando, sonrió internamente, miró al balcón cortinas violetas, pero solo se veían el ventanal, algo del interior de la casa y un par de cuadros, vio al vecino caminar pero ni se dio cuenta de que ella estaba ahí. Volvió a leer la respuesta del Taller de Sexting, esto del contrato no se lo veía venir, pero por otro lado estaba perfecto que sea así, pensó tanto que un pequeño dolor de cabeza se volvió una jaqueca enorme, decidió bloquear todo ese mambo y abrirse una cerveza, nuevamente puso la tele de fondo y evitando pensar demasiado contestó.
Para: sextingtaller@gmail.com
De: agustina.tobares@gmail.com
Asunto: Info Taller Sexting
Hola Sofía, ¿cómo va? Espero que me envies la documentacion para firmar y así comenzamos, realizo el depósito cuanto antes y te mando el comprobante
¿Cómo sería? ¿Cómo serían las clases a nivel práctico? Me contactan ustedes?
gracias
Agustina Tobares
WhatsApp: +541136344748
Prendió otro cigarrillo, agarró el libro que tenía en la mesita de luz y se sentó al lado de la ventana a fumar y leer, mientras le daba el sol de la tarde en la cara. Concentrada, pasó varios capítulos del libro, no quería pensar en donde se había metido. Con la entrada del otoño los días eran más cortos y empezó a oscurecer más temprano, sintió frío y justo cuando estaba por levantarse, miró al balcón cortinas violetas y ahí estaba el vecino que le clavó la mirada. Estaba tomando un café en shorts blancos y con un buzo bordó que parecía viejo y manchado, le hizo un gesto como si brindara con la taza y le sonrió. Tenía tez pálida, pelo corto y ondulado color castaño, quizás algo rojizo, no distinguió mucho el color de los ojos, le pareció llamativo el bigote espeso que llevaba, le hubiese gustado saber su nombre. Agustina contestó con la mano, roja de la vergüenza, apagó el cigarrillo, sonrió y se alejó de la ventana. No entendía nada de lo que le estaba pasando: ella contestándole el saludo a un chabón que estaba en el balcón de la vereda de enfrente, la realidad había dado un giro de 360º.
Ya era tarde, pensó en qué iba a cenar, quizás unos fideos o un arroz, no tenía las más mínimas ganas de cocinar. Entonces, miró su living, el sillón, la tele y todo el espacio desaprovechado, decidió reorganizar; su casa como estaba no la hacía sentir cómoda. Así que movió el sillón al costado de la ventana, la mesa ratona adelante, puso la tele enfrente, movió la mesa y las sillas del comedor que casi no usaba, la biblioteca la puso al costado del sillón. Como una planta buscaba la luz del sol, sentir calor, sentirse viva.

Pulenta! 😄👍
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