Balcones

 Empezaba el otoño y amaba envolverse entre las mantas abrigadas, eran las tres de la tarde y se había quedado dormida, no había tenido en cuenta el horario. Era miércoles y el home office se le había pasado por alto totalmente. Ya había adelantado laburo y lo de hoy era casi insignificante, aun así, hizo una lista mental de horarios y posibles actividades en lo que le quedaba del día. No le gustaba procrastinar demasiado, sentirse inútil la volvía loca. Se puso un buzo y un jean enorme; se calzó las zapatillas y por último se puso el barbijo que era obligatorio para salir a comprar cigarrillos. Ella fumaba en los breaks del trabajo para generar charla con algún compañerx, no más de 4 cigarrillos a la semana,  pero en ese momento estaba pasada de rosca. Entre la bebida a diario y el cigarrillo intentaba sentirse más liviana. Mientras bajaba chequeó en sus bolsillos para fijarse quien le había escrito pero se dio cuenta de que no tenía el celular. El kiosco quedaba a unos pasos de su departamento:

—¿Me das un Lucky de veinte convertible, porfa?, y un paquete de gomitas de mentol.

Ahí mismo pasó algo súper extraño, se quedó paralizada, roja de la vergüenza, muda, todo junto. El vecino del balcón cortinas violetas pasó detrás suyo y ella casi sintió la respiración del tipo en la nuca y su mirada atravesándola. Agarró los puchos y las gomitas, pero se le cayeron al piso, se agachó a buscarlos y de reojo vio un poco más en detalle al vecino: no estaba para nada mal. El tipo elegía galletitas de una góndola, en ese momento la miró y ella se incorporó, agarró el vuelto y salió corriendo.

En el ascensor se calmó, la respiración acelerada recién se normalizó cuando llegó a su casa, ¿la habría reconocido? El un tipo de piel pálida, pelo castaño quizás algo rojizo, y unos ojos color verde profundo, esa mirada se le quedó clavada en su inconsciente.

Dejó abiertas las cortinas y las ventanas, pero ni se acercó a ellas. Buscó el celular, no lo encontraba por ningún lado, sacudió la cama y el teléfono cayó al piso. Por suerte no se había hecho nada, solo se había apagado, lo prendió y se dispuso a fumar un cigarrillo al lado de la ventana tratando de no estar demasiado visible para la vereda de enfrente y sus balcones.



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